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El público del siglo XXI

Hace unos días hablaba de cómo el público de música clásica ha ido disminuyendo su asistencia a conciertos mientras la media de edad ha ido aumentando. Seguramente hay múltiples razones para ello, pero hay una que me gustaría señalar y que creo que pasa desapercibida entre muchos músicos y programadores de conciertos: los cambios psicológicos en la percepción durante el siglo XX y especialmente en los últimos 20 años.

children friend girls playing internet with smartphoneDerechos de Depositphotos

A principios del siglo XX surgió en Italia el movimiento llamado Futurismo. Defendía un arte anticlasicista orientado al futuro, que respondiese al espíritu dinámico de la técnica moderna y de la nueva sociedad masificada de las grandes ciudades. Aquí tienes un extracto de su manifiesto:

Declaremos que el esplendor del mundo se ha enriquecido con una belleza nueva; la belleza de la velocidad. Un automóvil de carreras… un automóvil rugiente, que parece correr sobre una estela de metralla, es más hermoso que la Victoria de Samotracia.

severini cuadroCuadro de Severini. Derechos

Como ves, por aquel entonces se consideraba la “vida moderna” en base al dinamismo y la aceleración de la vida. Pero ¿qué pensarían estas personas si de repente se plantaran 100 años más tarde en 2014, con Internet, Smartphones, coches y trenes que circulan al triple de velocidad, aviones, etc? Es decir, no sólo una aceleración de todos los procesos, sino también una estimulación exponencial de nuestros sentidos.

 

¿Cómo es el público del siglo XXI?


En la actualidad estamos acostumbrados a una cantidad de estímulos como nunca en la historia de la humanidad, sobre todo a nivel visual.

times squareNueva York, Times Square , Derechos

Es más, a medida que nacen y crecen nuevas generaciones, éstas adquieren una mayor velocidad de percepción de estímulos. De aquí que surjan de repente tantos casos de “trastorno de déficit de atención” (TADH). ¿Alguien presentaba algo parecido hace 200 años?

Esto es muy apreciable en el cine: compara una secuencia de acción de una película de los años 50 o 60 y una de ahora y fíjate en la diferencia. En 10 segundos donde antes había una secuencia fija ahora se superponen varios planos en cuestión de décimas de segundo:  plano de un coche surcando la calle a gran velocidad, plano del protagonista, los acompañantes gritando, un plano del coche perseguidor esquivando un peatón asustado en el último segundo… Incluso en los anuncios y la publicidad: cada vez se dispone de menos tiempo para captar la atención de las personas.


Todo esto ¿cómo afecta a la música?


Nos hemos vuelto extremadamente visuales y estamos acostumbrados a un nivel de estímulo constante muy alto. Esto quiere decir que para captar el interés del público medio, es posible que el concierto tradicional donde lo importante es la música en sí misma ya no baste.

Sí, el concierto en vivo es una experiencia insustituible, pero tenemos que hacerlo suficientemente atractivo. Tan atractivo como para que la mayoría de la gente pueda sentir que se está perdiendo algo significativo si no asiste. No que piense que simplemente va a escuchar música, algo que puede hacer a través de Spotify o YouTube o que en un concierto “pasan pocas cosas”.

Claro que un porcentaje pequeño de la población con el suficiente interés en la música misma seguirá interesándose por ello. Pero ¿serán sostenibles de esta manera y con este pequeño grupo de personas los auditorios actuales y sus orquestas? Pienso que sólo desde la música misma no es suficiente para crear nuevos públicos. No en la era audiovisual e interactiva.

En conciertos en los cuáles el espectador baila, se mueve, se comunica, percibe de esta manera otra experiencia y además se siente partícipe de ello. Sin embargo, el permanecer sentado, quieto, simplemente escuchando pasivamente es cada vez menos atractivo. Especialmente para las nuevas generaciones que están acostumbradas a la interacción y para las cuales el formato tradicional es un plato soso, ajeno a su realidad cotidiana y como consecuencia poco atractivo y aburrido.

Pretendemos presentar un formato que no ha variado desde hace 150 años a personas que son completamente distintas y nos extrañamos de que las nuevas generaciones no acuden en masa a ello. Mientras, nos quejamos de que la gente es menos cultural, que van a lo fácil, se interesan sólo por la cultura de “masas”, hablamos de la decadencia de la sociedad, etc. Pero en nuestra actividad, ignoramos esta sencilla cuestión y seguimos haciendo lo mismo como hace 50 años obteniendo el mismo resultado, echándole la culpa al público que pasa de la cultura. También es cultura el teatro griego y nadie dice que deba ser más representado.

Quizá podríamos aprender también de otros campos en los que se juega mucho más con los aspectos visuales y con la comunicación con el público. No es desvirtuar el mensaje del compositor, sino adaptarlo a nuestro tiempo. Hacer de un concierto una experiencia única en sí misma por el atractivo del contenido extramusical también.

Aprovecho y te muestro ejemplo interesante de estos días: http://talentmadrid.teatroscanal.com/participantes/ingravidez/  y por último te pregunto a ti: ¿qué ideas se te ocurren para adaptarnos al público del siglo XXI?

Mario Nieto

Soy pianista y musicólogo, coautor y cofundador de Emusicarte. Escribo sobre temas de actualidad musical, intentando dar pie al debate y la reflexión.

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7 comments

    • Alberto

      Independientemente de si el TDA es inventado o no, está claro que la sobreestimulación sensorial de las personas en el mundo de hoy nos provoca muchos más problemas de concentración y calma que hace varias décadas. Y eso es sólo la punta del iceberg porque la cosa en profundidad es bastante seria y preocupante. Esto lo observas desde un niño que se pasa el día viendo la televisión o el ordenador y tiene problemas de concentración en tareas donde otros no (soy docente, lo he experimentado y sé de lo que hablo) hasta el típico adulto en “la carrera de rata” que cuando acaba su jornada laboral de 8h su vida consiste en atascazo+radio+publicidad+ smartphone, Facebook, email, youtube, whatsapp, TV, fútbol, gimnasio con MP3, etc, googletc, o todo a la vez.

      Quién de hoy en día tiene tiempo para concentrarse en algo o simplemente PARAR? Realmente elegimos el tipo de vida que llevamos? O igual no hay tiempo ni para planteárselo? Tenemos una obsesión frenética con ocupar nuestro tiempo con millones de actividades y estímulos, en no perdernos el último post/oferta/bien/servicio/experiencia/capítulo/partido y lo hemos convertido en un hábito cercano a la drogadicción sin ni siquiera pararnos a pensar si queremos eso o no. Y nuestro cerebro, que es el mismo que hace 10000 años, no está biológicamente preparado en absoluto. Y eso nos enferma, nos inmuniza al disfrute, nos apatiza y consecuentemente nos mata en vida. Como dice aquí, especialmente en la segunda mitad:

      http://gazzettadelapocalipsis.com/2014/01/07/por-que-no-estalla-una-revolucion/

      Apuesto a que más de la mitad de los lectores no se leerán este artículo con la extensión que tiene… jé! incapacidad de concentración? o falta de tiempo para dedicarle 5 minutos? Vivimos en la época del “tweet”. Como para “aguantar quieto” un concierto de música clásica al uso…

    • No tengo los suficientes conocimientos sobre ello. Pero no me cabe la menor duda que estando las farmacéuticas detrás del negocio de su tratamiento, haya como mínimo una exageración de ello. Por otra parte, con el chute de estímulos diario ¿alguien se extraña de que los niños no se estén quietos y tengan problemas de concentración?

      Gracias por el aporte!

      • Hola Alberto,

        Muy interesante ese artículo. En parte ha servido de inspiración a esta entrada.

        Está claro que vivimos una serie de cambios tan rápidos, que resulta cuestionable que los podamos asimilar en tan poco tiempo. Nos intentamos adaptar como podemos pero también seguimos haciendo cosas del pasado obviando los cambios que se han producido en nosotros mismos.

        ¿Hasta que punto la tecnología nos ayuda tanto como creemos? El hacernos la vida más fácil también nos hace en cierto modo mucho más “vagos”, pues no tenemos que dedicar tanto esfuerzo para las cosas. La cuestión es, si esto a la larga es beneficioso o no. Todo tiene un precio y no hay nada gratis. Veremos el precio que tenemos que pagar por todo esto.

        Gracias por tu comentario!

  1. Pingback: Claves para el futuro de la música clásica | Javier Olmeda & Miquel Carbonell

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    Amigo yo tengo deficit de atencion y te diria primero que es algo que si existe.

    Yo no le quiero llamar enfermedad. Mira una persona con esto se concentra solo en las cosas que se le hacen importantes.
    Uno se distrae muy facil pero cuando logra concentrarse lo hace hasta mas que alguien normal.
    Igual me gusta tu opinion

    • Hola amigo!

      Yo creo que eso que dices le pasa a casi todo el mundo: concentrarse en lo que para uno es importante.

      Lo difícil es concentrarse en algo que no te importa, y encima obligado: como en el colegio. Yo también tenía un déficit de atención brutal porque se me iba el santo al cielo la mitad del tiempo :D.

      Saludos!

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