educación musical niña

La educación musical no es suficiente

Es evidente que la educación musical en España no goza de buena salud. En los últimos años estudiar música se ha vuelto más caro y difícil para el ciudadano medio. Hemos visto también la retirada de la asignatura de música de los planes de estudios siendo relegada a una asignatura optativa. Todo esto es una mala noticia de cara a formar a las nuevas generaciones con una base cultural y creativa, pero, la pregunta del millón es la siguiente: ¿es suficiente con la educación para crear el público de los conciertos de mañana?

 

educación musicalDerechos de depositphotos

La creación de nuevos públicos es una materia que inquieta y ocupa a muchas personas e instituciones de todo el mundo. En inglés tiene recibe el nombre de “audience development” y hay multitud de iniciativas creadas al respecto: centros de investigación, blogs, consultores, o incluso másters. Es la forma de hacer sostenibles los auditorios y las orquestas.

 

En España se echa a menudo la culpa de la poca asistencia a conciertos a la falta de formación cultural general. Pero, si otros países que en ocasiones ponemos como modelo se preocupan por este asunto, ¿quizás será porque no es suficiente con tener un buen sistema educativo y un buen nivel cultural medio? (habría que discutir también qué son estas dos cosas).

 

También habría que ver a qué tipo de conciertos se va menos, porque parece que tengamos una idea de lo que es “cultura buena” y “cultura mala”. Es decir, las estructuras de “alta cultura” y “cultura popular”, dando a esta última menos valor subyacen aún en el modo de pensar de mucha gente. Esto es algo que nos divide a los músicos y artistas. Y ya lo dice el dicho: ”divide y vencerás” (nos vencerán).

 

Así, a menudo escuchamos o decimos nosotros mismos frases del tipo:

 

  • “cuando de verdad la educación apueste por la música, entonces todo será distinto”.
  • “sin educación musical es imposible llenar las salas de conciertos y crear nuevos públicos”.
  • “en España la gente no va a conciertos porque no hay un sustrato cultural adecuado, no tenemos tradición y la educación falla”.

 

Estas afirmaciones tienen parte de razón: la educación es una base importante para crear nuevos públicos, pero no es suficiente y vamos a ver por qué.

 

Dos preguntas incómodas acerca de la educación musical

 

En general, cuando vamos a un concierto de música clásica vemos que la media de edad es avanzada. Esto me hace plantearme dos preguntas:

 

  • Si la educación musical era casi inexistente hace 40 o 50 años cuando estas generaciones pasaron por la escuela, ¿por qué el núcleo del público en muchos conciertos tiene +50 años?
  • Si desde los años 80 (y desde 1990 en España), se ha generalizado la enseñanza musical en las escuelas, con una formación básica mejor que la que tuvieron sus padres, con la proliferación de escuelas de música y conservatorios, ¿por qué las nuevas generaciones no se interesan en general por ir a conciertos de música clásica?

 

Además, como decía antes, no es un fenómeno únicamente español ni mucho menos (aunque con la crisis se note todavía más). En Alemania o Inglaterra, donde tienen muchos programas de creación de nuevos públicos, también se han preguntado qué ha pasado para que tras los esfuerzos en educación y todas las iniciativas desarrolladas en las últimas décadas, cueste tanto atraer al público joven a los auditorios y teatros.

 

 

La respuesta: la función y el hábito social de la música

 

Las incógnitas que dejan las dos preguntas del punto anterior vienen respondidas por la función social que para varias generaciones ha desempeñado el concierto de música clásica desde finales del siglo XIX: un lugar de reunión para la burguesía y las nuevas clases medias y acomodadas.

 

La música cumple una función social para el ser humano en cualquiera de sus formas. Participar del acto musical, sea como intérprete, compositor o público, no hace sino reafirmarnos en nuestro grupo / comunidad. Esto nos aporta seguridad en nuestras relaciones con los demás.

 

Hasta el siglo XVIII siempre había estado subordinada a otro tipo de situaciones y para ellas se componía y tocaba: oficio religioso, festividades y ritos paganos, entretenimiento para la aristocracia…

 

Fue en el siglo XIX cuando alcanzó su independencia y se acuñó el término de “música absoluta”. Los compositores se independizaron como artistas de pleno derecho y empezó el culto al genio que ha llegado hasta nuestros días. De esta manera también se popularizó el actual formato de concierto que instauró un ritual mediante el cual “contemplamos” y “admiramos” en silencio las obras de arte de los “maestros”.

 

En el siglo XXI, con los grandes cambios que ha habido y está habiendo a todos los niveles, la sociedad se ha vuelto mucho más compleja. Así, la función que hasta ahora tenía la música clásica se ha perdido en buena medida para las nuevas generaciones.

 

Ir a un concierto es pues, un hábito social. No basta con que nos guste determinado tipo de música para asistir a él, sino que como público, necesitamos sentirnos atraídos por la estética, el lugar, los grupos sociales que asisten a él y el formato en que se desarrolla un concierto o un espectáculo: dónde se toca, cómo se viste y actúa quien la toca, qué imagen transmite, etc,

 

 

Tres ejemplos muy distintos: la música contemporánea, el flamenco y los museos

 

¿Qué tienen que ver estos tres ejemplos tan diferentes?

 

  • La música contemporánea, heredera de la tradición de música clásica, a lo largo del siglo XX no se preocupó demasiado por la cuestión del público. Esto ha hecho que en general, ningún grupo social amplio se haya visto identificado con ella. La opción de mezclar obras del repertorio habitual con música nueva ha sido siempre un matrimonio complicado. Así, la “música de creación actual” o “música nueva” en muchos casos busca sus propios espacios, alejándose de la música clásica y abriéndose a dialogar con el arte contemporáneo, más afín en el tipo de público que se interesa por el. De esta forma encuentran mejor su propio público, aunque sea más reducido.

 

  • El flamenco ha ganado cada vez más protagonismo, no porque el arte en sí mismo haya cambiado mucho, sino por su manera de presentarse y por su aceptación por una parte mucho más amplia de la sociedad. Grandes músicos, como Sabicas, Tomatito o Paco de Lucía han contribuido en gran parte a darle otra imagen. Asimismo, el turismo y el reconocimiento exterior le han proporcionado también un gran empujón. A veces tiene que empezar a gustar algo fuera de nuestras fronteras para que entendamos mejor el valor que tiene. La complejidad social por otra parte le viene muy bien al flamenco, que se mueve perfectamente en ese terreno, ofreciendo diferentes propuestas con gran versatilidad, según sea para aficionados de toda la vida (peñas), turistas, o público recién interesado. Muchas veces estos grupos comparten espacio en un mismo concierto de flamenco.

 

  • Los museos han hecho grandes cambios en las últimas décadas, acercándose mucho más al visitante y mejorando la experiencia de la visita mediante múltiples mecanismos.  Así, en los últimos años no hacen sino crecer en visitas, desde 42,5 millones en el año 2000 hasta 57,49 en 2010. Los museos han cambiado su imagen de “alta cultura” y cada vez más han conseguido convertirse en instituciones capaces de generar distintos discursos para distintos públicos. Es también el reto para la música clásica: dejar de lado el elitismo.

 

Del flamenco cabe destacar a su vez, que ha conseguido su actual status sin grandes apoyos institucionales. No se ha enseñado flamenco en las escuelas ni en los conservatorios hasta hace muy poco tiempo. No ha necesitado de la educación durante años y años escolares para que mucha gente lo descubra y lo disfrute. Y mucho flamenco no es tampoco un arte sencillo de apreciar.

 

 

La solución: adaptación y cambios en el formato

 

Para entender qué podemos hacer, primero debemos entender hasta dónde llega el papel de la educación:

  • La educación pone los mimbres para poder “musicalizar” a los más jóvenes y permitirles disfrutar y entender una gama amplia de propuestas y estilos musicales. Por otra parte, cada vez son más importantes las músicas populares. Muchos niños están más familiarizados con ellas y desde ahí se pueden tender puentes y conexiones a otras músicas, lo cual resulta mucho más útil que pretender imponer determinada música por encima de otras. Susana Flores ha escrito una interesantísima tesis doctoral al respecto.

 

  • Enseñar un instrumento y educar en música no es crear el hábito de ir a conciertos. Ese hábito se creará fundamentalmente en la familia y con los grupos sociales a los cuáles la persona pertenezca. Ni escuchar determinada música, ni tocarla es ir a un concierto de esa música, aunque se dé por supuesto esta asociación en demasiadas ocasiones.

 

Si la sociedad cambia pero la música y la forma de presentarla permanece inmóvil, se rompen las relaciones que hasta entonces la habían hecho posible.

Hay instituciones que investigan sobre estas cuestiones y publicaciones académicas al respecto, como el libro “Das Konzert”, donde varios expertos del ámbito cultural y musical analizan esta situación. La tesis principal del libro es que la crisis no es de la música en sí misma, sino de su forma de representación.

Así, la solución no pasa por “educar”, forzando a las nuevas generaciones a apreciar lo que se ha venido haciendo durante 150 años sin mayores cambios. Más bien lo contrario: pasa por adaptar las propuestas a las demandas, estéticas y expectativas de las nuevas generaciones. La música antigua es otro ejemplo de movimiento que ha conseguido ofrecer una imagen renovada y actual, cosechando gran éxito.

Somos los músicos por tanto los primeros que debemos tomar el testigo y entender el reto que tenemos por delante. ¡Adelante pues!

 

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Nota: este post está basado en ideas de los libros “Das Konzert” y “Musicking”. Este último está en inglés y te lo recomiendo para que entiendas mejor el papel de la música clásica en nuestra sociedad y de la música en general como parte de la cultura.

Mario Nieto

Soy pianista y musicólogo, coautor y cofundador de Emusicarte. Escribo sobre temas de actualidad musical, intentando dar pie al debate y la reflexión.

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7 comments

  1. Daniel Roca

    Estoy muy de acuerdo con las conclusiones. Pensar que uno de los objetivos de la educación musical (general o especializada) deber ser crear públicos para llenar las salas de concierto creo que es un error de concepto.
    Hoy en día, las instituciones que producen y difunden música deben adaptar sus propuestas para resultar más atractivas.
    Otra cosa es si una culturización musical es una condición “necesaria pero no suficiente” para atacar el problema. Es posible que sí.
    Sin embargo, en mi opinión esto es así sólo si esta educación es vivencial, centrada en la experiencia auditiva, corporal e intelectual, y no en la teoría y en la notación. En este sentido la renovación de métodos y sistemas es imprescindibles (si bien no menos que en otras áreas deficitarias de nuestra educación, como los idiomas, la lectura, etc. etc.)

    • Gracias por tu comentario, Daniel.

      Como tú dices, son las instituciones y los músicos los que deben adaptarse a la realidad cambiante. Nunca imponer algo y no ser flexible ha sido solución para nada, en ningún ámbito.

      Está claro que la educación (y no sólo musical, sino en general) también debe seguir evolucionando y presentando métodos y sistemas más eficaces y adaptados a las necesidades y los tiempos que vivimos. Hay mucha investigación hecha en muchos ámbitos con propuestas innovativas probadas, pero después al intentar cambiar y aplicar nuevos principios en la práctica, se encuentran muchas resistencias y barreras. Un ejemplo es la mayor introducción de músicas populares en las enseñanzas básicas. En cualquier caso, no me cabe duda de que poco a poco iremos mejorando.

      Un saludo!

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  3. Rocío del Olmo

    Fantástico post.
    Entender cómo está funcionando el público hoy en día y cómo ha influido la educación, me ha parecido realmente interesante.
    También me ha resultado especial la reflexión final: la idea de que encontrar público no pasa por forzar la educación musical para que guste lo que tocamos, sino que pasa por adaptarnos a las nuevas estéticas y expectativas.
    Es curioso cómo a menudo creemos que sólo por sentir pasión por algo, como la música, y dedicarnos a ello la gente vendrá a escucharnos como si fuéramos el flautista de Hamelin. No es así, es duro, pero no es así. A la gente le da igual nuestra pasión. Buscan lo que les gusta.

    Un saludo

    • Gracias por tu comentario, Rocío!

      Así es. Es un tema complejo, puesto que educar también debería ser enseñar a apreciar. Educar sin imponer, sino como una guía.

      Un abrazo¡

      • Pivo

        Hola Mario, ánimo con tu blog.

        Yo creo que:
        1.- Por un lado, el sistema educativo actual es pobre: no se enseña el funcionamiento de la Unión europea en los institutos, los de ciencia no llegan a la realidad diaria de las zonas agrarias (los futuros agricultores que reciben dinero público no reciben formación especifica obligatoria) los economistas solo transmite n un modelo económico, pero no alternativas, etc.

        La música debe enseñarse porque es formativa y pule al humano, no para crear una base de futuros oyentes. Eso se acabó.

        Hay que tener en cuenta que no todos tienen las mismas capacidades. Debe generalizarse en colegios e institutos una formación equivalente a las EE en éstos. Esto permitirá obtener este título y sus contenidos a un tercio quizás de la población. El resto por capacidades no podrá, pero recibirá una formación humana interesante o adaptada a su capacidad, porque hay que desarrollar esa capacidad (y otras) en lo posible.

        Pongo atención entonces en los valores educativo de la disciplina.
        Mira, el derroche de horas en matemáticas es demencial y un despilfarro y por ignorancia, nadie lo cuestiona. La mayoría de la población va bien servida con las instrumentales de primaria. Soy de ciencias, ojo, y no hablo por hablar en esto.

        La música tiene un valor educativo y formativo y debe generalizarse y pedirse en el currículo en la misma medida o más que otras materias, y eso falla en primaria; ni hay horas ni había profesionales cualificados antes, hubo mucha reconversión precipitada.

        2.- Por otro lado el concierto es algo a extinguir. Está obsoleto en los parámetros actuales, pero hay que mantenerlo suficientemente por razones de suficiencia y excelencia artística, no queda más remedio.

        Yo como padre me veo obligado a ampliar la educación musical de mis hijos en conservatorio y escuela musical. Es increible la de horas que pierden con la moda del inglés (o imposición para tener móviles y dóciles trabajadores alienados y disponibles). Se da mal y se pierden contenidos en las materias “bilingües”.

        En secundaria es ridículo el despilfarro de tiempo y dinero en matemáticas y lengua en muchachos que ya saben lo necesario y pierden tiempo para aprender su oficio de agricultor, o una buena educación física con contacto con la naturaleza, el desarrollo de sus aptitudes artisticas, etc. Muchos han llegado añ máximo se lo que son capaces en esto y no en otros ámbitos se su personalidad. Es un planteamiento erróneo desde mi punto de vista.

        ¿Y la de horas que se emplean en tonterías en los curriculos, como si fueran miniuniversisades?
        Por ejemplo, las ciencias deben enseñarse desde la tecnología (ciencia aplicada), etc. ¿Conoces la edad media de España y no como funcionan los organos de gobierno de la Unión europea? ¡Manda huevos!. Así ignorante te queremos…

        Hay que formar personas, no trabajadores. La persona decide, el dinero está para educarla, no hay que formar a la gente para que se adapte a un sistema que le viene bien a algunos.

        Aquí es clave esta materia que es la música; pero adaptandola a diferentes capacidades.

        El concierto esta obsoleto, pero no que tu alimentes tu espíritu cantando y tocando con tus amigos (por ejemplo en un magnífico bosque que visites, o en tu casa).

        Es pues alimento del alma, pero puede ser tortilla, cocido o cocina internacional…

        • Hola Pivo,

          Totalmente de acuerdo con lo que comentas. Y esta es la clave para mí: “Así ignorante te queremos…”

          Por circunstancias de la vida le estoy dando clase a dos chavales del colegio BASE de Madrid. Uno de los privados supuestamente mejores. Pues me he llevado una sorpresa gigantesca. Los profesores por lo que cuentan mis alumnos son iguales o peores que los que yo tuve en un instituto público y recordando mi época, no encuentro más de 4 o 5 que fueran “excelentes”. No quiero hacer ningún tipo de apología público-privado. Para mí habría que plantearse todo de nuevo en ambos.

          Actualmente los colegios son fábricas de individuos en serie que tienen que saber lo mismo.

          El otro día lo comentaba con mis alumnos: si el proceso de aprendizaje ocurre cuando prestas atención y estás interesado, y al empezar una clase estás mirando el reloj ya a los dos minutos a ver si acaba… ¿Cuánto tiempo se está perdiendo en la cantidad de horas que los alumnos asisten al colegio?

          Por otra parte, es posible que haya que dejar morir al concierto “tradicional” para ver qué nace de ahí. Algo saldrá seguro.

          Un saludo!

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