joshua bell tocando

La energía del concierto en vivo

Hace dos días estuve aquí en Salzburgo en un concierto de música de cámara en el que tocaba Joshua Bell. Para quien no conozca todavía a este violinista, es el mismo que se plantó a tocar en el metro de Nueva York hace unos años como parte de un experimento sociológico y musical. Estuvo tocando cerca de una hora y la gente pasaba por delante de él, muchos sin darse cuenta de que no era un músico callejero cualquiera.



joshua bell tocandoJoshua Bell, deAaron Tang. Licencia

 

El concierto tuvo lugar en la sala grande de la Fundación Mozarteum, con capacidad para 800 personas. Me tocó una entrada en la segunda fila y muy centrada. De este modo tenía a los intérpretes a escasos cinco metros. Al principio pensé: ¡vaya, qué mala suerte! quizás la acústica no vaya a ser tan buena como si estoy un poco más atrás. Si bien el balance entre los instrumentos no fue el óptimo, fue una experiencia de lo más interesante.

El programa empezaba con el trío completo, al que seguían dos dúos: chelo y piano / violín y piano. Finalizaba de nuevo con la formación original. De este modo, resultó muy llamativo experimentar las distintas sensaciones según quien tocaba en ese momento. Desde luego el sello de Joshua Bell era su energía. Más allá de la música, de las notas, del sonido que producía su violín, era la “performance” lo que cautivaba: la energía que desprendía y transmitía. Al estar en segunda fila, estas sensaciones se amplificaban y la diferencia de energía según la formación se hacía más patente. Podía sentir sus respiraciones, sus expresiones, sus miradas, pequeños gestos inapreciables desde la lejanía…

Durante el concierto estaba dándole vueltas a la entrada que escribí recientemente sobre la extinción del concierto, tal y como lo conocemos. Me preguntaba, si el problema no serían las salas gigantescas que hemos creado, para 2000 o más personas en algunos casos. Hay unas cuantas plazas de esas 2000, desde las cuales la experiencia de un concierto es muy buena: centradas, no demasiado lejos de los intérpretes, con buena visibilidad, etc. Otras sin embargo, casi reducen el concierto a la experiencia sonora por la lejanía o mala situación. De esta forma se pierde una parte muy importante de lo que la experiencia en vivo puede ofrecer.


Praxis… ¿auditiva?


Me preguntaba también si, siendo que muchas veces se habla de la importancia de la “praxis interpretativa”, no habría que crear también un término para la “praxis auditiva”. Más allá de la música que suena, la pregunta es: ¿cómo llega al público? Mucha música de cámara se interpreta en auditorios gigantes, ¿por qué? Desde luego, no es este el contexto en el que fue creada mucha música de los siglos XVIII y XIX.

Desde una perspectiva histórica podemos decir que esto fue un “mal menor” durante mucho tiempo. Cuando se empezaron a crear estos auditorios a partir de 1870 aproximadamente, no existía aún siquiera la posibilidad de grabar música. De esta forma, ir a un concierto era la única posibilidad de escuchar música y salas tan grandes facilitaban esta posibilidad a más gente, sin olvidar el aspecto financiero. Hoy día, sin embargo, con el acceso inmediato a música y vídeos a un golpe de click, deja en una situación delicada a la experiencia “lejana” que se vive desde muchas de esas butacas de la sala de conciertos. Desde ellas no hay una experiencia “energética”, con los intérpretes a cientos de metros.


Esto me recuerda a otro concierto al que asistí hace algún tiempo. Fui a escuchar a Janine Jansen el concierto de Britten en el Auditorio Nacional. La interpretación fue magnífica. Sin embargo, mi sitio estaba bastante atrás, por lo que la experiencia después de haber visto el siguiente vídeo e ir con ciertas expectativas quedó bastante “difuminada”.

 

 

La importancia de lo visual en la comunicación


Si estás familiarizado con presentaciones en público, retórica y comunicación, sabrás que las palabras representan menos de un 10% de todo el mensaje. El tono de voz en torno a un 30% y el ganador es el lenguaje no verbal con un peso de más del 50% en el proceso comunicativo. Cuanto más emocional el mensaje, más peso tiene el lenguaje no verbal.

Esto quiere decir, que si no hay referencias visuales, el tono de voz y las palabras se repartirán toda la importancia (es el caso de la radio, por ejemplo), pero en cuanto haya estímulos visuales, desplazarán a los otros dos elementos.

La música es un acto de comunicación. Comunicamos emociones, con el correspondiente peso del lenguaje no verbal en ello. Por tanto, a pesar de que los músicos siempre estemos centrados en el sonido que producimos, no deberíamos dejar de tener en cuenta este aspecto. La energía del concierto en vivo tiene mucho que ver con el aspecto visual: la tensión y distensión del intérprete en el acto de producción del sonido, los gestos, miradas, expresiones… La música que nos llega es el resultado de todo un proceso energético.

Esto último parecen tenerlo más presente músicos de rock, jazz, flamenco y otras músicas populares, quizá no de una forma consciente. Ellos saben que sus conciertos son un “espectáculo”. Saben que lo que suena, es solamente una parte de lo que es la experiencia del concierto. Ellos han sabido adaptarse mejor a los nuevos tiempos y a los nuevos públicos. No es de extrañar por tanto, que el público joven se sienta más atraído por esta música, que energéticamente conecta con ellos de forma muy directa y cuyo formato de concierto está mucho mejor adaptado al mensaje que pretende transmitir.

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Y tú, ¿hasta qué punto piensas que la imagen influye en nuestra experiencia en un concierto?

Mario Nieto

Soy pianista y musicólogo, coautor y cofundador de Emusicarte. Escribo sobre temas de actualidad musical, intentando dar pie al debate y la reflexión.

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6 comments

  1. Pedro

    Interesante artículo, aunque no creo que Heifetz, Horowitz, Rubinstein, Argerich, Pollini y otros muchos intérpretes sean menos interesantes porque se muevan menos. ¿No será que algunos que se mueven mucho ocultan carencias de otro tipo, o que a cierta parte del público le interesa todo menos la música?

    • Hola Pedro!

      ¡Muchas gracias por tu interesante comentario! Esperaba que alguien hiciera mención precisamente a lo que tú comentas.

      Creo que hay muchas formas de escuchar y vivir la música. Aunque Heifetz, Horowitz, Rubinstein etc, sean parcos en movimientos y expresiones, también creaban un “aura” a través de su personalidad. Este “aura” puede tener que ver también con esa “ausencia de movimiento” (caso de Michelangeli también). No moverse no quiere decir no comunicar, lo mismo que no hablar no quiere decir “no comunicar”. En cualquier caso, con más o menos movimiento, siempre hay una “energía” ahí que tiene que ver con el directo. Tocar “forte” no sólo es tocar con muchos decibelios, sino que hay una energía detrás la cual el lenguaje no verbal transmite muy bien.

      Pienso sinceramente que es un poco “mito” lo de la la ausencia de movimientos y de expresiones. La música es movimiento, gesto y expresión por sí misma. Que algunos músicos sean más o menos expresivos con el cuerpo no quita que siempre haya un mínimo, aunque sean los movimientos necesarios para producir el sonido.

      Fíjate en este vídeo: http://www.youtube.com/watch?v=E7uMTqcazOg
      Son parcos los movimientos y las expresiones, pero yo veo movimientos de cabeza y gestos faciales.
      O fíjate en el final de este otro: http://www.youtube.com/watch?v=1yCiFZvjfuU

      ¿No crees que el contenido visual que va alineado con la energía de ese final, sobre todo del último acorde?

      En retórica y presentaciones enseñan y animan a utilizar tus propios gestos. Hay gente que por naturaleza gesticula más y otros que gesticulan menos. La clave es usar lo que para cada uno es natural. Ahí estoy de acuerdo contigo que algunos intérpretes exageran sus movimientos, para “parecer más expresivos”. Puede ser el caso de Lang Lang, que personalmente a mí no me entusiasma mucho.

      No creo que en el caso de Joshua Bell o Volodos: http://www.youtube.com/watch?v=wyCGQ2ETIgk tengan muchas carencias que ocultar. Creo más bien que forma parte de su forma de expresarse con el instrumento.

      También hay que aceptar, que una gran parte del público no llega a apreciar muchos de los pequeños detalles y la cuestión visual puede ayudar a transmitir esa “energía” que es la música, más allá del sonido en sí mismo. Por eso músicas como clásica, jazz, flamenco, etc nunca serán como el pop o el rock. Para apreciar las primeras hace falta más esfuerzo, atención y dedicación, pues lo importante está más en los detalles.

      Un saludo!

  2. Pedro

    Completamente de acuerdo, estimado Mario, y estupendos los vídeos, muchas gracias. Si los gestos vienen por una necesidad musical, bienvenidos sean. Ahora mismo me acuerdo de Jaqueline du Pré la cellista, una de mis favoritas y que se movía muchísimo. Como contraste podría poner a Menuhin, que para mí es uno de los violinistas más expresivos y que sin embargo no se movía tanto. Pongo un ejemplo, aunque con esta obra poco espacio tiene para muchos gestos. https://www.youtube.com/watch?v=dPRWshWq9E4

    • Hola Miguel!

      Muchas gracias por el enlace que has puesto. Me alegra ver que hasta hay estudios al respecto. Encuentro que es un campo interesantísimo.

      En muchos tipos de músicas, que tradicionalmente no han explotado estos recursos hay muucho por hacer. Desde ser consciente de ello hasta utilizar medios audivisuales en conciertos. No hace mucho, estuve en un concierto en Múnich al aire libre donde situaban pantallas en distintos sitios para ver mejor a los músicos. Uno de tantos recursos para darle un toque más atractivo visualmente al concierto.

      Un saludo!

  3. Rocío del Olmo

    Un gran maestro del mundo musical nos enseñó una vez en una agrupación musical que “el público también escucha con los ojos”… Aprendí ese día que era totalmente cierto. Una de las razones de ver a alguien en directo es esa, verla con tus propios ojos… ver cómo toca, cómo se mueve, cómo mira, cómo cierra los ojos o como espera su turno para tocar.
    La actitud en un escenario hace mucho, y no debemos olvidarlo.
    Gracias por el post. Un saludo

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