Tema de la ofrenda musical

Webern y su orquestación del Ricercare a 6 voces de Bach

Todos estamos de acuerdo en que la música de la primera mitad del Siglo XX está a primera vista muy alejada de cualquier fuga barroca, pero extrayendo y adaptando alguna de sus técnicas se pueden conseguir unos resultados tan bellos como innovadores. Ésto es lo que hizo el compositor austriaco Anton Webern (1883-1945) con el Ricercare a 6 voces de Bach, una obra por la cual tengo una especial predilección, y en la que con cada escucha que hagas descubrirás nuevos detalles.

Te invito a que la escuches una vez y luego sigas con la lectura, ya que te cambiará completamente el concepto.

 

 

El Ricercare a 6 voces de J.S. Bach está dentro de La Ofrenda Musical, una colección mayoritariamente formada por cánones y fugas en torno a un tema original de Federico el Grande (segundo rey de Prusia).

 

Tema de la ofrenda musical

 

Como curiosidad, esta composición tuvo sus orígenes en un encuentro entre Federico II y Bach en 1747, en el que el rey le mostró un nuevo pianoforte que acababa de ser construido por Silbermann. Para probarlo, Federico II animó a Bach a improvisar sobre el tema original. Según la prensa de entonces, Bach salió airoso del reto. Dos semanas después, el compositor alemán tendría terminada la colección. (Información extraída de Wikipedia).

 

Te recomiendo que veas la película Mi nombre es Bach, que trata sobre este tema.

 

El ricercare en cuestión es una fuga a 6 voces, y no especifica claramente para qué instrumentos es. Se considera como adecuado la interpretación con teclado o conjunto de cámara.

 

Posteriormente, otros músicos como la compositora Sofia Gubaidulina, han readaptado este tema. Webern lo hizo en 1935, cuando contaba con 52 años.

 

Manuscrito ofrenda musical

 Manuscrito ofrenda musical. Derechos: Wikimedia

 

Webern y su visión de la música

La música de Anton Webern se caracteriza por una delicadeza extrema, una orquestación perfectamente encajada y sobria, haciendo uso de los mínimos elementos imprescindibles para su comprensión, entretejiendo los timbres instrumentales como nunca nadie lo había hecho antes. Una música minuciosa y precisa, breve y calculada, pero cercana como la propia naturaleza.

 

Para Webern, la concepción de la obra de arte tenía que ver con la naturaleza. Basado en la visión que tenía Goethe acerca de este tema, explicaba que el hombre tiene que encontrar y descubrir las leyes de la naturaleza que sean adecuadas a nosotros mismos y a nuestros deseos.

 

Una obra ya no tiene que ser estética, sino que surge de un profundo análisis de todo lo que nos rodea, y una puesta en práctica de todo ello bajo nuestro punto de vista. Esta forma de entender el arte es nueva en cuanto a las palabras con las que se explica, pero ya existente en la antigua Grecia, donde Aristóteles decía que el arte era la naturaleza creando formas nuevas.

 

¿No es acaso también, naturaleza del hombre, justificar nuestra percepción del mundo mediante diferentes teorías? No olvidemos que Webern era creyente, lo que le impulsaba a tener una visión más mística del arte.

Hay una pequeña historia que ilustra este pensamiento extremadamente detallista (y filosofía) del compositor vienés:
Iban paseando él y su amigo Alban Berg por unos campos situados en los Alpes.

Berg, en un momento dado, se paró, contempló calmadamente el paisaje, y haciendo un gesto de abrir los brazos exclamó: -¿No es hermoso?

A lo que Webern, mirando al suelo, se agachó, cogió una pequeña piedra del suelo y mirándola le dijo: – Sí, ¿verdad?

 

A pesar de los 61 años de vida de Webern, la duración integral de sus 31 opus no llega a las 3 horas. Su relativamente prematura muerte tuvo lugar en Salzburgo en 1945 a manos de un soldado estadounidense, el cual le disparó accidentalmente cuando el compositor salió de su casa por la noche en pleno toque de queda alemán.

 

Autoretrato de WebernWebern. Derechos: Wikimedia

 

El romanticismo vienés

 

Webern pertenecía junto con Berg y Schönberg a la Segunda Escuela de Viena, que nació, entre otras cosas, como consecuencia de llevar al extremo el cromatismo romántico, primero dentro de la atonalidad (alrededor de 1910) y más tarde desembocando en el dodecafonismo, creado por Schönberg en 1923.

 

Posteriormente llegaría la Escuela de Darmstadt, donde se eliminaría por completo la idea romántica, tanto en la composición como en la interpretación.

 

¿Y por qué trato este tema del romanticismo? La versión que acabas de escuchar es la London Symphony Orchestra dirigida por Pierre Boulez. En el ámbito de la dirección orquestal, Boulez (1925-) experimenta una evolución acorde con la época en la que vive.
La cantidad de corrientes y estilos creados y desarrollados en el siglo pasado, así como una fugaz vida de estos, fueron cambiando la forma de reinterpretar la música: es muy diferente al carácter puntillista y “mecánico” que Boulez da a las obras de Webern cuando fueron creadas, que décadas más tarde en la corriente posmodernista neoconservadora, donde se descubre un Boulez que nada tiene que ver con el Boulez de Darmstad. Salta a la vista el contenido romántico de la grabación.

 

No es mi intención ahora, pero ésto podría dar pie a un debate ya iniciado en otro post de este Blog en el que Mario Nieto hablaba sobre la fidelidad a los compositores por parte de los intérpretes.

 

Boulez dirigiendoPierre Boulez.

 

Orquestación del ricercare

Volviendo otra vez al tema que nos ocupa, esta obra, al igual que prácticamente toda la producción de Webern, está construida con la técnica de la klangfarbenmelodie, o melodía de timbres. En ella se dividen las líneas melódicas en instrumentos: en este caso la melodía principal (sujeto) tiene 20 notas, que son repartidas entre 3 instrumentos, y cortada en 7 partes (marcadas en cajas rojas). El mismo principio se aplica a todas las melodías de la pieza.

 

A continuación puedes escuchar de nuevo la pieza junto con la partitura. En color rojo está marcado el sujeto de la fuga, y en azul el contrasujeto. Antes de volver a poner el vídeo, marcaré 15 momentos que me han parecido muy interesantes (señalados también en el vídeo con números):

    1. 0:13. La nota del arpa que apoya a la trompa, y que tocará prácticamente siempre justo en ese momento.
    2. 0:34. Célula de 4 notas descendentes tocada en pizzicato por una viola. En un contexto clásico estaría fuera de lugar, pero aquí ayuda a dar el carácter único de la pieza.
    3. 0:45. La entrada del violín solo, interpretada de una forma totalmente romántica, entrando precisamente en un contratiempo y aprovechando la larga apoyatura, que le da todavía más ese carácter.
    4. 0:59. Cambio total de timbres. Esto se sucederá durante toda la obra: se puede observar que muchas veces las melodías están centradas entre flauta-clarinete-trompa, y otras veces en oboe-corno inglés-trompetas. Instrumentos relativamente parecidos en su timbre. En este caso tenemos ésta última combinación.
    5. 1:20. Seguramente en una primera, y segunda y tercera escucha pasará desapercibido, pero vale la pena fijarse en cómo de calculadas están las entradas de los timbales, siempre por debajo de los instrumentos, prácticamente imperceptible, como una pequeñísima pincelada.
    6. 1:49. Es interesante ver cómo Webern juega con el registro: después de una sección sin un bajo predominante, introduce el clarinete bajo apoyado con los contrabajos, que son los que le ayudan a dar el sonido tan redondo que se escucha.
    7. 2:19-2:34. Desde hace unos pocos segundos atrás, empezábamos a escuchar el timbre de la trompeta con sordina. Es un sonido roto que contrasta con todos los demás instrumentos, y que Webern reserva precisamente para uno de los puntos más contrapuntísticos y bellos de la pieza. Observa cómo termina la frase, con esos 3 pequeños acentos (marcado con “final 1” y “final 2”), contrastando todavía más el timbre y carácter de la trompeta con el resto de instrumentos.
    8. 2:48. Fíjate en la entrada completamente imperceptible del violín solo en un registro muy agudo. Otra muestra más del pensamiento compositivo tan detallista y “pequeño” de Webern.
    9. 2:54. Las fugas se dividen en diferentes partes. Aquí comienza un episodio iniciado por pequeños estrechos canónicos, y se puede diferenciar todavía más la melodía de timbres, ya que se usan todos los instrumentos para realizar las voces.
    10. 2:57. Los portamentos que realizan las cuerdas durante un breve espacio de tiempo le dan a la melodía una delicadeza extrema.
    11. 3:16. Las breves irrupciones de violín solo con vibrato en esta sección, junto con lo comentado en el punto anterior no hacen sino reforzar esa visión romántica de la obra.
    12. 4:08. Después de estar durante unos instantes sin escuchar de forma clara el sujeto, Webern elige la trompeta con sordina para introducirlo nuevamente, causando sorpresa y mucho contraste en el timbre que la rodea.
    13. 5:25. Otro momento donde el genial compositor reserva el registro grave y lo resalta con la instrumentación de una forma muy efectiva.
    14. 6:29. Para cerrar la obra, la melodía de timbres se convierte en una especie de melodía de grupos instrumentales, diferenciándose el viento madera, viento metal y cuerdas, acercándose más a una orquestación tradicional.
    15. 6:39. El sujeto es realizado en cuatro voces homofónicas, y transformando el final en una textura mucho más homogénea que la que se escuchaba al principio de la obra, terminando con un gran acorde con disposiciones muy abiertas y combinación instrumental clásica, lo que le da ese sonido sinfónico característico de la tradición.

     

     

    Si tuviera que elegir mi momento favorito, sería muy difícil, pero ahora mismo me quedaría con el número 7. Seguramente cambie cuando descubra otras cosas… ¿Cual es el tuyo? ¿Hay algún otro lugar que te haya sorprendido y no lo haya citado?

     

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    Ismael Palacio

    Compositor nacido en Zaragoza y residente en Lund, donde estudio un máster en composición con Luca Francesconi. Programador web y cofundador de Emusicarte.

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    2 comments

    1. Ignacio Martínez-Ybor

      Felicidades Ismael por la intelegente, esmerada y gran labor que haz realizado en analizar e ilustrar tan genialmente el Ricercar de Bach-Webern. Me tope con el de casualidad, aunque conozco la obra y la mayor parte de las otras de Webern. Desde que era joven cuando por primera vez me percaté de la obra de Webern, siempre fué el que mas me impresionó y me gusto de sus correligionarios. Su intensidad y economía, ambas caras de la misma moneda siempre me apasionó sin necesariamente haberla comprendido…… fué algo de instinto. Y sin embargo te digo que mi pasión por la música es generosa y abarca, por lo menos inicialmente, casi todo. Naturalmente, hay puertas que después se cierran. Pero tanto me encanta Webern, que Brahms, Beethoven, Wagner, el Verklarte Nacht, etc. Bueno, eso es solamente para felicitarte, agradecerte la gran labor que estás realizando de la cual escasamente me entero hoy. Saludos de Miami. Soy nato de Cuba pero llevo en USA hace ya muchisísimos años. Cada vez que puedo me doy un saltito por la madre patria (España), la última vez habiendo sido el año pasado. Te voy a buscar en Facebook, y si estás, te voy a solicitar amistad. Otra vez: muchas felicidades.

      • Hola Ignacio, lo primero de todo gracias por tus palabras 😉 Es cierto que no hace falta llegar a entender teóricamente una música para poder disfrutarla. Existe la escucha perceptiva y no sólo la estética. Lo importante es mantener unos oídos libres de prejuicios en la medida que se pueda, e ir descubriendo poco a poco nuevas propuestas de música alejada de lo comercial. Un saludo!!

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